viernes, 19 de octubre de 2012

Ejercer un Derecho / DDHH


Ejercer un Derecho (Memoria y Derechos Humanos)
El colega Roberto Gargarella confunde en su artículo lo que es alegar razones con lo que es o significa "alegar Derechos"; allí nuestro colega se equivoca. Uno no debe estar justificando continuamente su derecho a la libertad o a la vida. Esos derechos están para ser ejercidos, (por eso son derechos, no “razones”). En la respuesta de Gargarella queda desdibujada la diferencia esencial entre alegar razones y alejar derechos (entre alegar una razón y alegar un derecho). No es lo mismo. En su texto queda desdibujado el derecho mismo. ¿Qué significa entonces tener un derecho? ¿Qué significa tener un derecho que sólo se puede ejercer “alegando razones públicas” (no queda claro ante qué tribunal culto y elevado que acepte nuestras razones para ejercer un derecho). ¿Se necesita siempre alegar una razón pública para ejercer un derecho? No. Por eso me pregunto si reformar la CN es o no es un derecho. No se requieren siempre razones para ejercer un derecho, sino que el ejercicio mismo de los derechos es parte esencial de la democracia. Si hay un procedimiento establecido (el tiempo de las razones es la legislación) y se cumple, eso es suficiente para el derecho. Que se cumplan los requisitos legales de su ejercicio, no que se publiciten las "razones" para ejercerlo. 
Gargarella confunde este punto esencial de la filosofía. Hay una diferencia esencial entre alegar una razón y alegar (o ejercer) un derecho. (Gargarella puede decir que esto es iusnaturalismo, es probable, pero así nació el liberalismo, alegando los derechos del hombre frente a la “razón” de Estado; que los debía respetar, no hay que tener siempre una razón válida o buena para ejercer un derecho; las razones por las cuales se tienen derecho se discutieron en el parlamento, la razón se esboza para vulnerar derechos, no para ejercerlo) No hace falta tener siempre una razón para alegar un derecho. (sobretodo si le creemos a Hobbes, que la razón no es más que la voluntad de los que mandan, la razón de la fuerza) El liberalismo hizo –al contrario- de la fuerza de un derecho el argumento de la razón del individuo frente a la autoridad arbitraria del Estado. Es el estado el que debe alegar razones para vulnerar derechos y no el individuo para ejercerlos. Sobre este razonamiento se construyó el liberalismo. El derecho es el limite de la legalidad. Si alegar razones fuera lo mismo que alegar o ejercer derechos, quedaría desdibujado el liberalismo. (hay derechos previos al Estado que el Estado debe respetar, no inquirir, como el derecho a la vida, yo no debo “alegar razones” para poder vivir)
Muchas veces basta pues con alegar un derecho. No necesito que dos personas que se quieren divorciar aleguen razones suficientes para hacerlo: ellas pueden alegar su derecho a hacerlo, sin que yo les pida que me digan sus “razones” (entrometerme en su vida, darles permiso) para hacer algo que es su derecho. Gargarella se equivoca en este punto. Confunde razón y derecho. Confunde tener razones con tener derechos. La razón es una piedra angular del derecho. Pero no es el derecho. Yo puedo no tener razón y tener derecho y el derecho puede ejercerse incluso cuando no tengo las razones (que por momentos parecen permisos) para ejercer mi derecho. Vayamos al ejemplo que Gargarella mejor conoce: el derecho de protesta. Ese derecho puede ejercerse sin “alegar razones” públicas, (pedir permiso para protestar) que puedan ser “evaluadas y atendidas”. Si la protesta es un derecho se puede protestar (cuando se quiera) sin pedir permiso. Sin tener que alegar una razón “atendible” para ejercer un derecho esencial. La línea que traza Gargarella es complicada. Porque sitúa al derecho en una posición de subordinación respecto de la razón pública. Pero el punto es que no queda claro dónde (quién detenta) la Razón. (los académicos) El derecho es derecho porque nos preserva de estos problemas. El derecho es universal. Y todos pueden ejercer sus derechos sin alegar “razones” para su libre ejercicio. (que se puedan atender, desde dónde?) Por ejemplo, el derecho a la educación, el derecho a la vivienda, el derecho al empleo, a la vida digna, no demanda “razones” para su ejercicio. Sólo se demanda un derecho. Nadie tiene que justificar su querer ejercer su derecho a una vida digna o un trabajo. Nadie debería tener que verse obligado a justificar ante un tribunal elevado sus “razones” para ejercer su derecho a tener una educación de calidad, o una vivienda digna. Son derechos. No necesitan ser fundamentados. (Bobbio) Sino ejercidos. Con los derechos basta. Para eso se los enuncia. Para eso son derechos. Sino la vida sería un debate permanente. Una democracia directa, cotidiana, difícil de pensar. Donde la gente vaya por la vida alegando sus razones y no sus derechos. El derecho parece un camino allanado para ser ejercido. Las razones pasan por el parlamento. Mucha gente no sabrá dar razones públicas atendibles de sus derechos. Por ejemplo, una persona por nacer. Un anciano senil. Un preso en una cárcel hacinada. Pero que no puedan (no hayan sido preparados para dar) razones (atendibles, públicas, dignas de ser evaluadas), no significa, como cree Gargarella, que no tengan derechos. Los tienen. Porque alegar razones es diferente de alegar derechos. Las razones sirven al debate. Pero eso no debe ser confundido con el ejercicio de un derecho. Tener una razón y tener un derecho son cosas diferentes. Gargarella confunde pues “alegar “razones” con “alegar derechos”. La razón hace el derecho. Pero no es el derecho. Tener un derecho no significa tener razón ni tener que alegar siempre razones para poder ejercerlo. La libertad de prensa es un derecho de toda sociedad libre. Y no necesita ya ser justificada en su ejercicio. Porque la democracia ha convertido esa libertad en un derecho.
Gargarella escribe un artículo interesante, pero deja sin responder nuestro principal argumento. El ejercicio de la reforma se vincula también a las nuevas generaciones que aprendieron lo que era el Derecho aprendiendo lo que era la ESMA. No antes. Antes no sabíamos qué era el derecho. Porque no sabíamos lo que era la ESMA. Porque las puertas de la ESMA estaban cerradas. Muchos las querían conservar así. La reforma del derecho supone una nueva palabra, que durante mucho tiempo no quiso ser oída. Hay un cambio de paradigma en el derecho penal y civil, y ese cambio debe llegar a la punta de la pirámide. Cuando Aramburu reimplantó la constitución que tenemos era conservador. No se puede decir que la CN que reemplazó a la constitución de los derechos sociales es progresista. Esta constitución fue usada para negar el progresismo. Eso no implica negar el talento de Alberdi. Implica pensar y tomar su legado. Lo que Gargarella debería explicar es por qué no podemos ejercer ese derecho.
Para ejercer un derecho no necesito una razón. Necesito un derecho. No se necesita una buena razón ante profesores para ejercer un derecho que la constitución reconoce. Se necesita cumplir los requisitos que la constitución establece, que no es lo mismo. La reforma de la constitución es un derecho. Por eso Gargarella comete un error. Confunde razón y derecho. Confunde tener una razón con tener un derecho.
Por momentos parece que para el colega Gargarella cualquiera que no piense como él comete un error, o está equivocado. Lo interesante de los debates es que puede haber varias razones. No una. No se trata de ver quién tiene razón y quién “se equivoca”. Gargarella no responde mucho de lo que dije. Deliberadamente decide volver sobre la tangente (omite la cuestión generacional) de decir que lo de los otros, lo que exponen los otros, no son argumentos. Que el otro está en un error, que la suyas no son razones, son malas razones. Todas estas calificaciones son verticales. No hacen a un debate. Porque el debate necesita de la igualdad. Del mismo derecho de todos a ser escuchados.
Tal vez Gargarella no ve lo que estamos diciendo. Tal vez no logra entender lo que estamos diciendo (que para nosotros es un argumento de la mayor importancia, aunque para él sea un error) Estamos diciendo que hay un lenguaje inmerso en el Derecho. Una manera de hablar el derecho (que hizo posible la ESMA); un lenguaje que durante mucho tiempo fue cómplice de una manera de hacer y ejercer (y enseñar) el derecho, (que acabó en la dictadura) palabras, frases, ideas vagas, principios, aplicaciones, que no son derecho positivo, pero que luego se convierten, se transforman en una forma de hacer Derecho. Hay que pensar por qué esta constitución podía ser enseñaza durante el Proceso. Una reforma de la constitución debiera atacar el lenguaje que aun usa el derecho. También el lenguaje puede matar. Desaparecer. No decir. Ser cómplice. La reforma tiene como eje renovar el lenguaje, reformar el derecho desde el lenguaje, el lenguaje de la democracia se opone al lenguaje que hablan las cárceles que torturan o matan. Gargarella no ve que nuestro principal eje es el lenguaje heredado. Reimpuesto. Hecho norma. El lenguaje que deja sus huellas, sus marcas en los cuerpos, en los menores torturados con bolsas en las comisarías, en las mujeres, en la trata, en la violencia. En la pobreza intolerable, en la desigualdad que avasalla todo derecho. En grandes porciones del derecho todavía hablamos un lenguaje equivocado. Hay una palabra que falta. Hay una palabra desaparecida. Torturada. Hay un lenguaje que fue torturado, secuestrado, violado, robado, arrojado al río. Muchas de las injusticias que denuncia Gargarella tienen que ver precisamente con ese lenguaje y con ese derecho que no llegó a ser, un derecho que no se anima a ver. Porque se hizo no viendo. Necesitamos un derecho que vea, que realmente ponga como prioridad la lucha contra la pobreza, la desigualdad o la injusticia y la impunidad de los crímenes. Una reforma esencial que demuestre que el derecho argentino aprendió de su pasado y no está dispuesto a volver a repetir atrocidades.
Podemos pensar un lenguaje diferente que construya un derecho mejor. Un derecho sin complicidad. Sin silencio. Un derecho con un lenguaje para la democracia. Un derecho que deje de ser cómplice. Que abandone el modelo de la complicidad.
Brasil y Chile, dos países de la región con los cuales a menudo se compara a la Argentina, han tenido muchas reformas de su constitución y nadie las ha discutido. Llegaron a hacer una reforma para cambiar la palabra “hombre” por la palabra persona. Esto demuestra que la constitución no es ni debe ser intocable. Que el derecho está vivo.
Terminar con la impunidad es refundar el derecho. Una de las ventajas de la Argentina de hoy es que ya no hay nadie afuera de ningún debate. Están todas las voces. Por eso la crítica de Gargarella no es justa. Por eso no es una pantalla llevar adelante los juicios de DDHH. Porque allí se piensa también el pasado concreto (menemismo, dictadura, endeudamiento, persecución, vaciamiento moral, ideológico, persecución de estudiantes, de sindicalistas, vaciamiento de la economía, la fisiocracia es impensable sin el Proceso y los empresarios que le pedían a Videla “diez mil muertos más” para que funcione bien la “economía de mercado”, “la racionalidad” del mercado “libre” necesitó del Proceso). Todo esto debe ser pensando, y repensado. También en esos juicios se debate –o se define- el rol de la constitución. El lugar del derecho.
En síntesis, Gargarella confunde alegar razones con alegar o ejercer derechos, no responde el argumento generacional (que trata como una variante del “estar equivocado”) y subsume la discusión de modo vertical, de modo que las perspectivas o argumentos del otro (incluso cuando no son comprendidos, por ejemplo, cuando subestima lo importante que es reformar el lenguaje que habla el Derecho) son presentados como “errores” y no como diferencias.
Finalmente, resulta contradictorio que Gargarella se jacte de que la constitución es generosa. El punto es que esta constitución además de “generosa” fue “compatible” con la impunidad de los crímenes de lesa humanidad. Que bajo esta constitución suceden, precisamente, las atrocidades que Gargarella denuncia. No se trata de que esta constitución “permitió” o “fue tolerante” con los juicios, sino que precisamente no los exigía y dependieron no de la constitución, no del derecho, sino de la política. La generosidad es un concepto equivocado para hablar de la constitución. La función del derecho no es ser “generoso” o dadivoso, sino ser derecho. Eso revela que el mayor problema de la constitución es el idealismo de su propio lenguaje. No es un problema de “generosidad”, sino de base. De lenguaje. De concepción. De Historia. De cómo funciona el derecho. De cómo y para qué fue construido. Y para qué puede servir hoy.




















lunes, 17 de septiembre de 2012

Memoria y Derechos Humanos. El progresismo y el derecho.

El progresismo y el derecho
La memoria juega un papel determinante el derecho argentino. 
Plataforma 2012 sostiene "Más que reformar la Constitución por ser conservadora, el Gobierno debería cumplir con los mandatos de una Constitución que es más progresista que sus políticas" En primer lugar, nadie dijo que se debía reformar la constitución por ser conservadora, sino que oponerse al cambio o reforma de la constitución es ser conservador, que no es lo mismo. Segundo, no se requieren siempre "razones" (cumplir requisitos antes...) para modificar la constitución. Porque el derecho no esta dividido en dueños y esclavos. Hay un argumento generacional que viene de tiempos de Jefferson: nuestra generacion, que aprendio el derecho aprendiendo lo que era la ESMA; puede querer tener una palabra para decir y convertirla en derecho y no se entiende bien por qué precisamente los profesores y periodistas que dicen defender siempre "la libertad de expresion" y pensamiento, nos quieren privar, robar, esa posibilidad. tenemos como jovenes el derecho de debatir la constiticion que heredamos. Como pudimos debatir la corte que teniamos, o las leyes de impunidad que muchos abogados y periodistas avalaban en nombre de la "institucion" y la "seguridad juridica": la impunidad del pasado. Esto tambien "es parte" de la discusion por el derecho en la argentina. 
tercer argumento.  plataforma 2012 -curioso en un grupo de intelectuales- expone como primer gran argumento un temerario argumento ad hominem que ningun estudiante mediocre de filosofia, ciencia politica o derecho osaria cometer en un examen. no se puede rechazar una idea porque se rechaza al que la propone. Son dos discusiones separadas. es curioso que enfaticen tanto el "quien" y no el "que". Se tiene que debatir una idea (la reforma de la Constitucion, como la derogacion de las leyes de obediencia debida y de punto final) y no un "quien". Es un argumento similar al que se uso para desmerecer siempre las politicas de derechos humanos: decir que los que precisamente las llevaron adelante (como si eso no fuera ya merito suficiente) no habian "militado" en los 70. como si eso, ademas de ser falso, tuviera algo que ver con la decision poilitica de un presidente de dejar esa parte oscura de la historia atras de la unica manera en que era posible: con la memoria, la verdad y la justicia.
El argumento ad hominem es un ardid bajo y resulta notable que hagan falta 200 firmas para un texto en general pobre y deshilachado, cuyo unico propisito es oponerse al gobierno. No mucho más.
finalmente, resulta curioso que se use el argumento de Schwarz y la "ubicuidad" para "oponerse" a la reforma, cuando fue el argumento que precisamente utilizamos nosotros para avalar la reforma. Tenemos una constitución importada, copiada, buena en algunos aspectos, insuficiente en otros, que poco tiene que ver con la historia del pueblo y el suelo argentino, con nuestro idioma, nuestra idioscincacia y nuestros valores. Por eso es doblemene equivocado decir que el cambio es "conservador y que conservar una constitucion importada o copiada de europa es ser "progresista": no lo es. es decir que es "nuestra" una constitución que es foranea. pero ademas es decirle a la juventud que no tiene derecho a debatir los textos legales sin antes pedirle permiso a los profesores y periodostas, cuyo mayor mérito legal es haber guardado silencio durante el proceso, y luego después, con la impunidad de la democracia, que terminó, precisamente, con el gobierno que ellos, paradójicamente, tanto cuestionan. El gobierno que abrió las puertas de la ESMA. Unas puertas que estaban cerradas.